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lunes, 31 de octubre de 2016

Homeschooling y matemáticas



Una de las preguntas que más me hacen es ¿Cómo voy a enseñarle a mi hijo cosas que yo no sé? Me lo pregunta la gente que tiene interés, o curiosidad, por lo que hacemos; me lo pregunta la gente que también quiere hacer homeschooling, o que ya ha empezado a hacerlo; y me lo pregunté yo misma cuando empecé. Claro que sí. Todas esas dudas yo también las he tenido.

He de decir, por un lado, que yo siempre he confiado en que los niños, cuando tienen libertad suficiente y el entorno adecuado, son capaces de aprender cualquier cosa que quieran o necesiten aprender. Al cambiar la perspectiva de la enseñanza al aprendizaje, las dudas también cambian o incluso desaparecen. Es decir, si dejo de preocuparme por qué y cómo voy a enseñar y empiezo a pensar en qué y cómo puede aprender, entonces el panorama cambia por completo. Y cambia a mejor, os lo aseguro.

Las regletas son un material excelente
para comprender conceptos matemáticos


La cuestión es que uno de los temas que me preocupaban eran las matemáticas. No tanto el hecho de cómo podría aprenderlas sino encontrar la forma de evitar repetir el error que se cometió conmigo. En el colegio yo no suspendía las matemáticas, pero no las entendía. Por lo tanto, no aprendí nada. Quería evitar que le pasara eso a mi hijo y no sabía muy bien cómo. Finalmente me di cuenta de que tenía que aplicar a las matemáticas la misma filosofía que estaba aplicando al resto de su crianza/educación: los niños son nuestro espejo. En vez de preocuparme por evitarle un bloqueo con cierta materia lo que tenía que hacer era enfocarme en eliminar mi propio bloqueo. No fue fácil y en realidad siento que todavía estoy empezando en este proceso. Es complejo y creo que merece una entrada más elaborada que espero terminar en las próximas semanas.

De momento, la semana pasada ya me atreví a contar en el vlog alguna de las cosas que hacemos. Que yo salga públicamente hablando de matemáticas es todo un logro personal y estoy segura de que sólo es el principio de un largo camino.





miércoles, 28 de marzo de 2012

¿Qué hora es?




Los relojes analógicos se le resisten a Damián.

No sé si hay una edad específica en la que los niños consiguen comprender cómo se descifra la hora, aunque supongo que será como casi todo lo demás, que depende del niño. Recuerdo que a mi también me costó muchísimo. De hecho, cuando tenía 10 años y en clase de inglés tocó aprender la hora, en el libro venían dibujados un montón de relojes analógicos debajo de los cuales teníamos que escribir la hora en inglés. Yo siempre le tenía que pedir al profesor que me lo escribiera con números o que me dijera la hora para yo traducirla.

Tampoco sé si, hoy en día, leer los relojes analógicos es un conocimiento muy útil. Por si acaso hiciera falta, y dado que mostró interés por el tema, se lo intenté explicar con regletas (aunque no tenía suficientes del 5 para hacer los minutos). Lo dejo aquí por si a alguien le resulta útil el recurso.

(Y, sí, no sólo la foto es mala malísima sino que tenemos la mesa toda pintarrajeada).




martes, 8 de marzo de 2011

Su primer puesto callejero



Parece ser que a la mayoría de los niños, al llegar a cierta edad, les gusta montar puestos callejeros para vender los juguetes que ya no usan. Damián decidió hacerlo ayer, así que cogió una caja de cartón, seleccionó los juguetes que eran susceptibles de ser vendidos y les puso precio: entre 5 y 20 céntimos de euro.
 
Tuvo que aprender a devolver el cambio, por si alguien no le pagaba con el dinero justo. Estuvimos pracitcando con monedas y escribiendo los números en un papel. (Traducción para los que tenéis la mente escolarizada: esto fue una "clase" de matemáticas en domingo). Más o menos le quedó claro, pero decidió llevarse un silbato a su puesto callejero por si necesitaba mi ayuda.
 
 
Lo que no tuvo en cuenta es que en invierno no pasa gente por nuestra calle. sólo hay seis casas habitadas, así que imaginad el movimiento que tenemos por el vecindario... Al final, tomó la decisión de probar suerte otro día, pero en el pueblo.